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La Coctelera

Escribir es un privilegio que todos debemos gozar

si necesitan un corrector o editor

7 Septiembre 2007

Uno de esos días

Hoy día me enteré que mis posibilidades para ingresar a las filas de los maestros que imparten clases en la UACJ se ve limitada a la integración de un nuevo sistema de enseñanza, El constructivismo, el cual, es de los más innovador para realizar a todo aquel que se interese en explorar sus viejos y añejados conocimientos, sin embargo, cómo aplicar un método de esta categoría, sin antes revisar un elemento básico, escribir.
Cómo revisar un escrito en su estructura profunda si no se ha logrado erradicar del todo las fallas más elementales, como son la ortografía y la sintaxis?, cómo observar el contenido de poder que tiene un escrito si los acentos y las fallas de redacción son notorias?
Pero bueno, ésta es solo una opinión, la cual por carecer de algunos grados academicos o algunos bueno amigos en posiciones adecuadas, no es aceptada más que como simple reclamo de alguien que no ingreso a las filas magisteriales.

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6 Septiembre 2007

Republicado de nuevo

En el desierto

▬ Me estaba cargando la madre cuando encontré la pequeña bolsita morada.
▬ Solo llévame, me acuerdo exactamente donde se me cayo.
▬ Pinche Jesús, solo es el chofer, me aventó de su troca, que no quería testigos, el muy hijo de la chingada… que iba a hacer yo, ahí parado, en medio de la nada, rodeado de pura arena.
▬ Era todo lo que traía, no se ni porque me lo lleve, estoy bien tonta, no puedo andar sin dinero, que voy a hacer, ándale llévame.
▬ Todo se ve igualito, a donde voy, pa’ donde camino, no se ni donde está la carretera, ya esta haciendo un chingo de frió.
▬ No quiero salir, de veras. Me choca ir a algún lado y no traer dinero, de veras, otro día, ándale.
▬ Ni siquiera traigo agua, ese pinche Jesús quiere que me muera pero no se le va a hacer, voy a salir de aquí.
▬ No, mi papá no sabe que anoche andaba en las dunas, si, ya llegó pero no le dije nada, estaba castigada y era el dinero que me da por semana, ya no le puedo pedir más.
▬ Tan siquiera esos pinches muchachos no apagaron la lumbrada, lo bueno que no hay árboles, si no… vaya con la mocosa… hay más dinero en la bolsa que lo que el cabrón de Jesús me iba a pagar.
▬ Oye guey, si mi papá me presta la troca me acompañas, ándale, no seas gacha.
▬ Diez mil pesos por cargar coca en medio del desierto, cabrones explotadores, pero se la pelaron, ora traigo más, ando de suerte, bueno si salgo de aquí.
▬ Ándale guey, no seas, cómprate dos seises, cuando encontremos mi bolsa te pago, estoy bien segura de donde se quedo, y no la puedo perder, Edgar me la trajo de su viaje a Sudamérica, vamos, apúrate que solo tenemos tres horas antes que mi papá se de cuenta que saque su troca.
▬ No mames, no puedo más, esto no se acaba, y me carga la madre de sed, maldita suerte, con esta lana sí podría traer a mi vieja y los chavos y rentar una casa.
▬ Ahhh, están bien ricas, anoche nos venimos de lunada con los chavos de los Leones, como Edgar anda con sus papas en Monterrey, te hubieras comprado un Clamatito, Ay, esa canción me encanta, súbele, tenme el volante, espérate, deja prendo el ampli, si guey, me ligue a uno que es corredor, el que trae el 54, espérate, ni modo que choquemos, si en el desierto no hay nadie…


<big>Accidente en el desierto:</big>

La hija del conocido empresario juarense Damián Arévalo murió junto a otra persona que la acompañaba del sexo femenino, la cual aun no ha sido identificada, al volcarse el vehiculo en que viajaban. En las investigaciones se logro el decomiso de 50 kilos de cocaína, el cual se encontraba oculto en un compartimiento. Los agentes encontraron el cuerpo de un hombre de aproximadamente 30 años, que iba vestido con pantalón de mezclilla, tenis y camiseta deportiva quien portaba 25 mil pesos, el cual, se presume, iba a guiar el cargamento por la ruta del desierto. Hasta ahora no han podido esclarecer las causas de tan extraño accidente.

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5 Septiembre 2007

mutacion septembrina

Crónica de un 15 de septiembre

La mañana del catorce de septiembre, la incansable voz del pequeño Barac repetía con animosa euforia – país, país, mi país, papi, país.

Asombrado, levanté la vista y la imagen de una majestuosa bandera llenó por completo la pantalla del televisor, mientras mi hijo seguía con su estribillo.

Ese sentimiento de nacionalismo, reflejado en un pequeño, motivó mi curiosidad respecto a qué símbolos son detonantes de nuestra identidad como mexicanos. Como un efecto televisivo, las imágenes de los últimos catorce días fueron sucediéndose en mi cabeza, una ciudad inundada de banderas tricolores de múltiples tamaños, hechas todas ellas en China o Taiwán, vendedores de sombreros, paliacates, matracas y algunos que otros elementos que la tradición novelesca ha permitido a propios y extraños formarse una visualización de la “mexicanidad”.
Una mutación citadina a sólo tres colores (y de repente cuatro), imitativos de los propuestos para el lábaro patrio, permite a los habitantes de la ciudad identificarse como mexicanos, como si el sentimiento de nación se pudiera adquirir y desechar con la facilidad de un efecto diurético, este “sentimiento” es a pesar de todo el único enlace que nos podemos permitir los habitantes de la “mejor frontera de México”, ya que para nuestra desgracia estamos muy lejos de Dios y muy cerca de los norteamericanos.

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4 Septiembre 2007

Cita a ciegas

Siempre he creído que el amor a primera vista solo lo encontramos en las novelas o en las películas gringas, o al menos, eso me la paso diciendo. Lily, que es mi mejor amiga en los últimos seis años, se la pasa regañándome por mi falta de sensibilidad, pero que puedo hacer, soy un cínico arrepentido de tantas decepciones que mi poca experiencia me ha ofrecido. Claro, no dudo que, para los demás o para pocos, exista el amor a primera vista, que lo encuentren cuando el aire les acerca un olor, o cuando miran los ojos de aquel que será no su complemento sino su ingrediente esencial para una vida plena.

Pues ante esta perspectiva tan compleja, Lily no dejaba de asombrarme y un día me dijo que ya estaba harta de ver mi semblante triste y compungido, ni siquiera sé que es estar “compungido”, pero ella se la pasaba reclamando mi forma cabizbaja de andar, así que un día planeo una cita con alguien muy cercana a ella, estábamos platicando en plena nevada, creo que era navidad, ya que me dijo que me tenía un regalo: --“a ver si es cierto que eres tan insensible”.

La cita iba a ser hasta septiembre pues Sahara no estaba en la ciudad e iba a llegar para los tiempos de escuela. Sahara, extrañó que alguien se llame igual que un desierto, creo que del África, todo el verano me la pase pensando en como será su cara, cuanto medirá, será blanca, morena, que color tendrán sus ojos, mi mente divagaba entra las miles de posibilidades que la televisión y las revistas ofrecen de ese gran abanico de cambios femeninos que son fascinantes y pueden hasta volverte loco.

Claro, no es que importe tanto estos detalles, menos para alguien que no cree en el amor a primera vista, pero el largo verano y el calor influían en mi desesperación, la cual se incrementaba con las platicas que de ella me daba Lily, los simples detalles que salían de la boca de mi amiga influían en mi imaginación hasta llenarme de extrañas imágenes de Sahara, la mujer con nombre de desierto.

Algunos dicen que el nombre refleja la identidad de la persona, que uno es tal como el nombre se ha portado en la historia del hombre, es más, he oído que muchos creen más en esto que en el horóscopo, el cual ya es muy poco creíble, Sahara, mujer del desierto, solitaria, seca, calurosa, tranquila, silenciosa, inmensa, extensa, interminable, implacable, indomable, probablemente la combinación entre lo masculino y lo femenino, algo indescriptible, menos comparable, ¿a que se le puede comparar un desierto?, al mar, al cielo, a qué. Ya no se ni que estoy diciendo, la espera me tiene totalmente nublado, espero el día en que pueda verla, mirar sus ojos, reconocerla en la infinidad de imágenes que de ella flotan en mi mente, experimentar por primera vez el roce de mi mano en su mejilla.

Ya estábamos en la escuela pero ella no llegaba, el sábado 10 de septiembre era el debut de mi sobrino, había sido seleccionado por un equipo extranjero en los primeros partidos de fútbol americano, era un día soleado a estaba siendo un buen debut para mi sobrino, a pesar de que iban perdiendo 24-10, de repente mi teléfono vibró en mi bolsillo y escuche la voz de Lily, colgué y solo alcance a gritarle a mi familia que me iba, corriendo por el extenso corredor mi corazón se agitaba, pues la llamada era para avisarme que Sahara estaba por llegar.

Subí a mi carro y no podía decidir si ir al departamento a darme un regaderazo, pues había pasado las dos ultimas horas bajo el sol, o ir directamente a esperarla, decidí llegar al departamento pues no sabia que pasaría más tarde, incluso prepare una ensalada de frutas y algunos emparedados por si se necesitaban, tome un baño y me vestí con tanta prisa que casi se me olvida peinarme, pero es que los nervios me estaban matando, preparé una maleta con algunas cosas que creí eran importantes y salí a buscar mi destino que estaba pronto a enfrentarse conmigo.

Durante el trayecto miles de imágenes volvieron a mi mente, ¿como sería? ¿Que diría?, ¿A que horas llegaría?, no sabia nada y los nervios casi me hacen chocar, solo que el claxon de la señora me sacó de mi ensueño, luego, solo alcance a ver el brazo de ella saliendo de la ventana, su puño estaba en lo más alto, pero no importaba, creo que yo tuve la culpa.

Llegué a la sala de espera como a las diez de la noche, no encontraba a nadie conocido, sin embargo estaba llena, señores y niños por doquier iban y venían en un mar de ruido y susurros, la mujer del altavoz a cada momento interrumpía, con voz irreconocible y llena de códigos, la música ambiental, no soportaba la espera y no quería verme ansioso, así que tome la maleta y fui a sentarme al asiento más alejado, no me verían pero yo distinguía muy bien a todas las personas que aparecían por la puerta.

Por que tardaba tanto, Lily me dijo que esa noche llegaría Sahara pero, no las encontraba por ningún lado, lentamente la sala fue quedando vacía, lo que hizo que mi impaciencia comenzara a crecer, ya eran menos las veces que la puerta se abría, me dio hambre como a las once y ni señas de ninguna de las dos, lo bueno que había llevado los emparedados, pero realmente el estomago no estaba como para comer a pesar de los fuertes rugidos que esperaba no fueran a reclamar una vía alterna de escape, mucho menos si estaban por llegar.

Estaba solamente yo en la sala cuando la pude ver atravesando la puerta, sabía que era ella, su cabello era negro y muy rizado, sus ojos apenas los pude distinguir ya que estaban medio cerrados, su piel era blanca como los pétalos de una flor, sin embargo lo que más me impresiono fue su boca que apenas dibujaba unos labios carnosos pero muy pequeños que se curvaban con la sonrisa que le regalaba a quien la mirará. Por fin había llegado, me levante de la silla y rápidamente me dirigí hacia la puerta, en ese momento la acompañante de Sahara decía: --“Y ya saben como le van a poner a su hija”; claro que lo sabía, nueve meses soñando con su llegada y no tener listo su nombre, lo habíamos platicado Lily y yo, se llamaba Sahara Paola y la ame en cuando puse mis ojos en su pequeña sonrisa.

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